La Maestranza de Mejillones: el gigante ferroviario que dio vida al puerto

Durante buena parte del siglo XX, el sonido de locomotoras, martillos, tornos y maquinaria pesada formó parte de la vida cotidiana de Mejillones. En torno al ferrocarril surgió uno de los complejos industriales más importantes del norte de Chile: la Maestranza del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB).

El nacimiento de un gigante industrial

La historia de la maestranza está estrechamente relacionada con el desarrollo moderno de Mejillones. A comienzos del siglo XX, el puerto adquirió una enorme importancia estratégica para el transporte de minerales y productos provenientes del interior de la Región de Antofagasta.

Entre 1906 y 1907 se desarrollaron las gestiones que permitieron conectar Mejillones con la línea principal del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia. Poco después comenzó la construcción del gran complejo ferroviario.

En febrero de 1908, la prensa de Antofagasta ya informaba que la nueva maestranza se construía aceleradamente y que para equiparla estaban llegando desde Europa máquinas y materiales transportados especialmente por barco. Cerca de un centenar de trabajadores participaba solamente en su construcción.

Hacia fines de 1909, las obras estaban prácticamente terminadas y se estimaba que alrededor de 400 personas trabajarían en sus instalaciones. Junto a los talleres se levantaron además cientos de viviendas destinadas a empleados y obreros ferroviarios.

Mucho más que reparar locomotoras

La maestranza llegó a desarrollar trabajos de gran complejidad. En sus enormes talleres se realizaban reparaciones y mantenciones mayores de locomotoras y carros, pero también se fabricaban piezas y se construían carros ferroviarios. Antiguos trabajadores recuerdan el lugar como una verdadera escuela de oficios.

Uno de sus trabajos más destacados ocurrió entre 1926 y 1928, cuando el FCAB transformó parte de su red chilena desde la antigua trocha de 762 mm hacia la trocha métrica. En Mejillones se modificó una importante cantidad de material ferroviario, incluyendo locomotoras a vapor, una operación técnicamente compleja que demuestra el nivel alcanzado por sus talleres.

Una ciudad dentro de la ciudad

Pero la importancia del ferrocarril fue mucho más allá de los galpones.

Alrededor de la maestranza nació una verdadera comunidad ferroviaria, con viviendas para trabajadores y empleados, escuela y espacios destinados a la vida social y recreativa. El complejo incluso participó en servicios fundamentales para Mejillones, como el abastecimiento de agua potable y electricidad; también se recuerda la venta de hielo a la población en una época en que los refrigeradores todavía no eran habituales.

Para muchas familias, trabajar en el ferrocarril significaba mucho más que tener un empleo. Padres enseñaban sus oficios a sus hijos y generaciones completas crecieron entre locomotoras, talleres y casas ferroviarias. Antiguos trabajadores han descrito el sector como un pequeño pueblo donde se vivía, trabajaba, estudiaba y compartía en comunidad.

Una mirada a las antiguas instalaciones y viviendas vinculadas al mundo ferroviario, levantadas en medio del paisaje árido del norte de Chile. Estas construcciones fueron parte de una época en que el ferrocarril y su maestranza marcaron profundamente el crecimiento, el trabajo y la vida cotidiana de Mejillones.

El reloj de la maestranza

En esta fotografía histórica hay un detalle especialmente llamativo: el gran reloj instalado sobre uno de los galpones.

Más que un elemento decorativo, el reloj simboliza perfectamente el mundo ferroviario de aquella época: puntualidad, turnos y jornadas marcadas por horarios precisos.

Mientras las locomotoras entraban y salían de los talleres y el humo cubría parcialmente el cielo de Mejillones, aquel reloj observaba desde lo alto el movimiento cotidiano de cientos de ferroviarios.

Los grandes galpones, las vías ferroviarias, las chimeneas y el característico reloj recuerdan una época en que este lugar fue uno de los grandes corazones industriales del norte de Chile.

El final de una época

Con el paso de las décadas, las operaciones ferroviarias fueron cambiando y la antigua maestranza perdió progresivamente el protagonismo que había tenido. Sus actividades terminaron cerrando durante la década de 1980, y parte de las funciones ferroviarias fueron trasladadas hacia Antofagasta.

Pero la maestranza nunca desapareció completamente de la memoria de Mejillones.

Sus instalaciones, las antiguas viviendas y, sobre todo, los recuerdos de quienes trabajaron y crecieron allí forman parte fundamental del patrimonio ferroviario de la comuna. FCAB continúa realizando actividades patrimoniales en el antiguo sector ferroviario, donde ex trabajadores y sus familias vuelven a recorrer los lugares que marcaron sus vidas.

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